Imponente, sencillo, cómodo y pensado para surcar los mares a gran velocidad, el ´Stad Amsterdam´ es una réplica de un ´clipper´ del siglo XIX
FORMENTERA | CARMELO CONVALIA El mascarón de proa del ´Stad Amsterdam´ es todo un símbolo que resume el espíritu de este velero, de la empresa Randstad y de la ciudad holandesa de Amsterdam. Es un clipper de tres palos. El mayor de ellos mide 46,5 metros de alto. Su eslora es de 78 metros y su manga tiene 10,5 metros, explican los tripulantes de la embarcación, que llegó el lunes a Formentera y que desde ayer puede verse en el puerto de Ibiza.
Fue construido en el año 2000 y es una réplica de un gran velero comercial del siglo XIX al que se le ha aplicado toda la tecnología, las comodidades y la seguridad que requería un buque del siglo XXI. El ´Stad Amsterdam´ lleva nueve años surcando los océanos del planeta con la capacidad de desarrollar un velocidad media a vela de unos siete nudos. Su récord lo estableció el año pasado, durante un trayecto entre América y Europa, cuando alcanzó una punta de velocidad de 16,8 nudos. Uno de los datos más impresionantes es el del velamen: tiene una superficie de velas de 2.000 metros cuadrados gracias a un aparejo complejo pero sobre todo práctico y efectivo. Todo ello lo mueve una tripulación formada por alrededor de 30 personas, entre oficiales y marineros. Algunos de estos últimos se encuentran en periodo de formación, explican.
Moritz Kuhlembaumer, primer oficial del barco, señala que el proyecto se hizo realidad en el año 2000 gracias a la iniciativa de «la empresa más importante en gestión de recursos humanos del planeta», Randstad, y el Ayuntamiento de Amsterdam, siendo hoy un ejemplo de colaboración entre empresa privada y entidad pública. El primer oficial detalla que el barco ha sido diseñado para navegar a vela y deprisa. La clave se encuentra en el diseño de su casco, que cala 4,85 metros. Su forma, tipo clipper, le permite literalmente volar sobre el mar. Hay que tener en cuenta que desplaza 1.038 toneladas.
El mundo y la victoria
El mascarón de proa del ´Stad Amsterdam´ es la escultura de una mujer cubierta con una liviana túnica verde que le deja un pecho al aire. En su mano derecha sujeta el globo terráqueo mientras que con la izquierda, extendida, desafía los vientos mientras hace el signo de la victoria.
Esa imagen resume el ambiente que se respira a bordo. Las propuestas de travesía que realiza Randstad están directamente emparentadas con la navegación, la investigación o el placer por disfrutar del mar. Sus camarotes tienen todas las comodidades y lo mejor, quizás, sea su tripulación, que logra implicarse en todas las tareas de a bordo y, además, se relaciona con el pasaje sin las barreras que marcan los cruceros convencionales.
Antes de llegar ayer por la tarde al puerto de Ibiza, el ´Stad Amsterdam´ estuvo fondeado en Formentera, frente a es Molí de Sal. Está previsto que a lo largo del día de hoy ponga rumbo a Valencia. Allí pondrá fin al crucero que han disfrutado trabajadores españoles de la empresa Randstad, consultores en su mayoría. Este es sólo uno de los servicios que ofrece, ya que también admite a bordo recepciones y distintos actos sociales. Pero su destino es surcar los mares y por eso tiene un programa más cercano a puerto que permite disfrutar y participar en la navegación a vela. En las próximas semanas, tiene previsto visitar el puerto francés de Le Havre, para dedicarse a sus objetivos de formación y experimentación con sus velas.
Después de eso, el proyecto más inmediato del ´Stad Amsterdam´ será dar la vuelta al mundo para conmemorar el 200 aniversario del nacimiento de Darwin. Este viaje comenzará a finales de agosto. Para esta aventura el velero cuenta con una cadena de televisión holandesa, que montará un estudio a bordo, y también con la colaboración de un grupo de científicos y especialistas en el mar. Ellos volverán a recorrer los mares hasta llegar a las islas ecuatorianas de las Galápagos, como hiciera Charles Darwin a bordo del ´Beagle´ durante cinco años. Lo más curioso es que entre estos pasajeros se encuentran los descendientes del naturalista británico que revolucionó en el siglo XIX la forma de entender el planeta y al ser humano.
Fuente : diariodeibiza.es



























