“Las finales no se juegan, las finales se ganan”, es un principio vital que se gestó entre los jugadores de Liga Deportiva Universitaria de Quito antes de la final del torneo nacional contra Emelec, en 1998, recuerda Santiago Jácome, “El Santi”, hoy gerente deportivo de los albos.
El ex defensa central –que a pesar de su baja estatura era aguerrido y además tenía una cierta habilidad para salir con el balón- ha ganado cinco títulos nacionales y dos internacionales en su etapa como jugador y como parte del cuerpo técnico de la U.
Pronto, entre tantos triunfos que solo se opacaron con un descenso a la serie B (en el 2000), ‘El Santi’ aprendió que no eran suficientes los procesos, la estabilidad, el juego vistoso y a ratos práctico. El estímulo y la ambición también eran una herramienta para forjar una nueva historia. Entonces, en el autobús que recorría las calles de Porto Alegre -antes de jugar la primera final de la Recopa frente Internacional – a ‘El Santi’ se le ocurrió aplastar play. Proyectar la película 300 (dirigida por Zack Snyder y basada en la novela gráfica de Frank Miller).
Eso resultó más que efectivo. El equipo saltó a la cancha creyendo que se parecían a los 300 espartanos, que enfrentaron a miles de poderosos persas en una batalla descomunal. Ante un escenario nada favorable triunfaron con gol de Claudio ‘El Toro’ Bieler.
9 de julio de 2009. Más de cuarenta mil hinchas blancos. Uno de ellos llevó una pancarta que decía: “Recuerden que hasta El ‘Rey del Pop’ (Michael Jackson) se hizo blanco”. Hijos, hijas, sobrinos, madres, padres, tíos, tías, sobrinos y todo tipo de familiares de la plantilla alba los apoyaban desde el palco y las dos tribunas.
No por novelería. Jorge Fo-ssati, un técnico uruguayo, que aunque de lejos tiene la pinta de un cascarrabias del sur del continente, de cerca, en realidad es un tipo apasionado que es capaz de irse a golpes en un partido candente. Y que además cree que sin la unidad familiar no pueden conseguirse triunfos. Al menos no de esos triunfos que se recuerdan por años y años.
Fossati, en los equipos que le toca dirigir, se encarga personalmente junto a su esposa de mantener contacto con las parejas de los jugadores, con sus hijos e hijas. Trata de que se mantengan nexos de unión en visitas a las concentraciones y reuniones periódicas. Cree que un futbolista dentro del campo no soporta la presión sin estabilidad familiar.
Fossati regresó después de 5 años con la responsabilidad de repetir algo perecido a lo que hizo Bauza.
Él cumple esa regla. Debajo del traje formal con el que salió a la cancha para ser por segunda vez campeón con los albos- antes se dio la vuelta en un inolvidable 2003 que lo convirtió en leyenda- portaba en una camiseta la fotografía de sus cuatro nietos. Y en la mente estaba Santiaguito, el quinto de sus descendientes, que nació dos días antes.
A decir verdad, la hinchada de Liga idolatra más a Fossati que a Edgardo Bauza. El último tuvo que conseguir nada más y nada menos que la Copa Libertadores de América para ser aceptado. Fossati logró un título nacional con la U, jugando con línea de tres defensores y con un ‘Mago’ Salas en su mejor momento. Era un equipo asfixiante. De toque en la media cancha y que tenía garra, si el partido así lo ameritaba.
El equipo de Bauza tenía un planteamiento parecido con una línea de tres. Más esquemático, pero de menos toque. Más práctico en realidad. De mucha más velocidad, aprovechando jugadas del magistral ‘Piojo’ Manso y la explosión de ‘Dinamita’ Guerrón.
Fossati regresó casi cinco años después con la responsabilidad de repetir algo perecido a lo que hizo Bauza. Es decir, ser campeón nacional, internacional y vicecampeón mundial. Por supuesto, le costó. Asumió un equipo que se desmembró en parte y que practicaba otro esquema de juego. Luego de un intento fallido en la Libertadores y un Richard Morales, un delantero que pasó sin dejar huella, Fossati reagrupó a jugadores de la casa antes campeones con Liga, como el ‘Diablito’ Lara, Ulises De la Cruz, Enrique Vera, Carlos Espínola…
Y eso lo complementó con su discurso de la familia que se reagrupa. Que se mantiene unida, pese a los resultados positivos o negativos.
“Y unida puede comerse al mundo”. Después de un repunte en el torneo, Liga lo pasó por encima a Internacional con un triunfo de visitante y una goleada de local. Esta semana fue campeón internacional en Ponciano. Encendió otra vez la fiesta.
Una fiesta que no se la imaginó ni el propio Rodrigo ‘El Negro’ Paz, el dirigente más importante de los universitarios, cuando se propuso construir un estadio, lograr títulos nacionales y uno internacional. Logró cinco locales en los últimos once años, dos internacionales y un segundo lugar en el mundo.
En el camerino se encendió la fiesta con champán, baldeadas incesantes y bailecitos de Rambert Vera. Por dos minutos se interrumpió todo. El grupo quiso agradecerles a la Virgen y a Dios por la victoria.
35 minutos antes de ese momento, José Francisco Cevallos, el arquero héroe de la Libertadores, ingresó al campo por la lesión de Alexander Domínguez y le dio un abrazo a su hijo (que tiene su mismo nombre) y que hacía la de pasabolas. Una y otra anécdota. Paúl Ambrosi, el lateral de casa, dio la vuelta olímpica tomado de las manos de su hijo mayor y de su pequeña hija, que nació días antes de que jugara un encuentro ante Alemania en el Mundial 2006.
Silvia Pardo, esposa de Ambrosi, desde el palco de la tribuna occidental recordaba esa anécdota. Así como cuando el guarandeño jugaba en las divisiones menores y se enamoraron “en la tierra del enemigo, es decir en el complejo de Deportivo Quito”.
Raúl Baca, mano derecha de ‘El Negro’ Paz, de esos dirigentes antiguos que vio el nacimiento de Liga, descansaba en un rincón del camerino. Vio la euforia del momento y cómo se interrumpió antes de las 23:00, pero él ya piensa a futuro. “Nos jugamos otra final el domingo con Olmedo por el primer lugar de la tabla”, recordó.
Fuente : Eltelegrafo.com






























